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Dos timbrazos. Por favor, necesito ver a Enya. Por favor, tenga cautela. Su hermana y Dimas se estacionaron cerca de la puerta. Osman la esperaba, pero su cara no era de buenos amigos.
Los ojos de Enya estaban desorbitados. Vine por ti, porque siento que me necesitas. Enya gritaba, daba vueltas por la sala pisando los vidrios que estaban en el suelo. Por primera vez. Vio a su chica desaparecer tras la puerta y no hizo nada. No deseo estar sola. El trayecto al apartamento de Rebeca y Dimas lo hicieron en silencio. El timbre en el celular de Kara avisaba que Enya la llamaba insistentemente.
Sus ojos no cesaban de mirar el nombre que se mostraba parpadeante en la pantalla. O sea, no se conocen hace tanto. Es de Kara, estoy segura. La prudencia era su mayor virtud, no dijo nada, solo la abrazaba y besaba su cabeza.
Kara no se dio por enterada hasta ver a su hermana agarrar el celular de su novio, levantarse y caminar hacia la cocina. Enya temblaba de arriba abajo. La pelinegra pudo sentir que la rubia sollozaba. Dos suaves toques me hicieron levantar la cabeza y mirar hacia la puerta. El fuego destruye todo a su paso, igual que la desconfianza, la duda.
Yo, en aquel razonamiento, era el madero. Solo dos por piso. Al abrir, la vi. Estaba recostada con la espalda en la pared, en espera de que yo abriera la puerta. Yo hice lo propio desde adentro, nuestros ojos se encontraron. Hoy, igual que aquella vez, esos ojos ocasionaron que me estremeciera. Sus ojos miraban al suelo, yo la miraba a ella.
Esa hermosa mujer dio dos pasos hasta posarse muy cerca de mi cuerpo. Nuestras frentes se unieron. Silencio, respiraciones agitadas. Mis brazos la rodearon, necesitaba ese contacto, aspirar su aroma, sentir su abrazo avasallador. Amaba a Enya Beatrice Robinson, no a la cantante. Amaba a esa mujer. Nuestras bocas se abrieron para recibir a la otra. Todos y cada movimiento, en silencio.
Al caer la prenda de encajes negro pude disfrutar de la vista de unos senos perfectos, redondos y generosos. Debemos hablar, yo no quiero que te vayas de mi vida por otro error. Deja que te ame, En —sus ojos se cerraron al escucharme. Comenzamos un baile una sobre la otra, nuestros pechos unidos.
Sus brazos, sus costados, su cintura, su abdomen plano, limpio, perfecto. Su piel entre rosada y blanca, suave. Sus senos erguidos me invitaban a posar mi boca sobre ellos, a tomarlos. Desde hace mucho, cada vez que me miras, siento que me absorbes. He tenido mucho sexo, no lo niego, pero contigo, Kara Ivelisse, contigo acabo de hacer el amor y es por primera vez.
Enya no quitaba sus ojos de los de Kara. Te di las gracias por existir, Kara. Estoy enamorada de ti. Kara se encontraba completamente entregada al placer que la otra le daba. Los dedos de la canadiense se perdieron en la intimidad de Kara, causando estragos en su cuerpo.
Ella simplemente se dejaba hacer. Volviendo a su rostro una y otra vez solo para mirarla. Necesitaba hablar del tema que no deseaba tocar, pero que era necesario. Pasaron varios minutos en silencio, Enya sumida en sus pensamientos.
Es mi primer orgasmo, En. La almohada fue a parar en el rostro de Enya. No me alegra que no lo hayas experimentado antes. No es que haya sido conmigo… aunque… uff, eso es maravilloso. Un fuego que decidieron apagar durante muchas horas. Se la puso, al igual que sus pantys. Su hermana hizo lo mismo a su lado. A menos que desees quedarte a cenar, pero te advierto, estaremos desnudas. Si, en este momento estoy feliz.
Aunque no me lo confirmaras, tu piel desprende olor a sexo. L parpadeaban insistentemente. Su amistad con esa chica de Xtream la ha cambiado. Fue muy triste, todo un drama. Esta vez Lena estaba desarmada. Amores en secreto. Imagine usted que la prensa tenga conocimiento de que la gran Lena estuvo involucrada sentimentalmente con otra mujer. Claro, usted me asegura que no tiene nada que ver, no debe preocuparse, solo le doy un ejemplo. Hubo un largo silencio entre los dos. En ninguna circunstancia iba a declararse bisexual.
Darle un buen sexo para que Enya no pudiese dejarla. De ella y de Kara. A Lena Lewis nadie la rechazaba. Kara se detuvo en su lucha por hacer que la otra se pusiera de pie.
Enya Beatrice, no me hagas hablar. Quisiera ducharme. La rubia empezaba a conocer a su chica, estaba hambrienta y desesperada. Ahora a comer, hace hambre. No quiso quedarse a almorzar. Hablaba con mucha naturalidad. La pelinegra puso su mano en el antebrazo de la rubia. No lo haremos ahora, pero luego. Kara no quitaba los ojos de ella, esperando una respuesta—. Disfrutaba estar con la chica, hablar de todo.
Enya miraba fijamente la copa frente a ella. Kara le dio vuelta al taburete llevando a la chica frente a ella. Yo recuerdo muy bien lo que te dije luego de hacer el amor. Los hombros de la rubia fueron su apoyo para no caerse. Estuvieron un rato abrazadas, besando sus cabellos, sus rostros, sus labios. Enya solo escuchaba, atenta. Bien hecho. Es lo que debes saber ahora.
Tengo su apoyo, tengo su amistad y ahora su amor. Enya lo hizo. El que estuviera con una mujer no era un problema, tampoco era la primera vez que la cantante se involucraba con una. Segundo tema: La cantante estaba enamorada y, tercera bomba, que era de una mujer. No puedo meterla en esto. No, no estaba de acuerdo. En ese momento, esa era una de las preguntas finales, si estaba enamorada de una integrante de Xtream. Usted no tiene idea de las razones por las cuales he terminado de una u otra manera mis relaciones.
Siempre los he tratado con respeto, pero igualmente lo exijo. En la ciudad se encontraba Kara con los dedos en la boca observando la rueda de prensa. Voy al apartamento de Enya —se puso de pie al apagar el televisor frente a ella—.
Quiero verla, debe tener los nervios de punta. Rebeca le hizo un gesto con la mano para que esperara. Tal vez te sorprenda un poco, pero debes tomarlo con inteligencia. De una chica. Esta vez la boca y sus ojos estaban de la misma forma.
Ambas asintieron, Rebeca puso su brazo sobre los hombros de su hermana. Solo esperaba que ella misma supiera definirse; estaba contenta. La madre estaba muy contenta, la felicidad de su hija por encima de todo.
Kara suspiro aliviada. Unos cristales oscuros daban la privacidad que una estrella necesitaba. Los ojos de las dos se iluminaron de igual modo, ambas se fundieron en un fuerte abrazo. Kara reparaba en ella como si necesitara confirmar que no le faltaba una parte.
Ambas se sobresaltaron. Rebeca mantuvo su mirada en ella. Ya me voy, por favor descansa. Te quiero. Al regresar al apartamento, Enya la esperaba de pie con el rostro asombrado. El gesto en su cara hizo que Kara se riera. Ella es inofensiva. Se envolvieron en un beso apasionado, lleno de necesidad. Se separaron solo un minuto para respirar, sus manos acariciaban el rostro de la otra.
Deseaba olerla, verla… amarla. Ella misma. Mi primer amor, Kara. Cuando ya no la mire como ahora. Es imposible no perderme en tus ojos. La sangre en el rostro de la pelinegra se hizo visible. Debo irme amor. Tal vez la necesitaba. Nuevamente sus ojos se posaron en el maldito celular. Disculpa la tardanza, estaba al otro lado de la ciudad. Se saludaron con un beso en la mejilla.
Lena lograba sacarla de las casillas en un segundo. Rompiste nuestra amistad por un capricho. Y luego que me usas, me desechas. En, yo… —Disculpe…. Solo necesitaba confirmarlo.
Los labios estaban apresados por sus dientes. Su dolor ahora era doble. Lo que no imaginaba Lena, era que ella estaba a punto de caer al suelo ante la sorpresa e incertidumbre de verla salir del apartamento. Enya era incorregible. Por favor, intenta comunicarte con ella.
Ahora no quiero hablar de eso. Esto no iba bien. Ambas se apartaron y se recostaron de la mesa junto a los asesores, la escena era contradictoria. Quiero decir, debut y despedida. No era una nota de prensa lo que rondaba en las redes lo que la molestaba, era una foto. Enya y Lena estaban tomadas de mano por encima de una mesa, se miraban fijamente. Eso era lo que mostraban las fotos, y las fotos no mienten. La chica no pudo si no perderse en aquellos ojos triste que la miraban desde arriba.
Ella, sentada en la silla de la estilista, Enya de pie, justo en frente. Debes escucharme, mi amor. Ella le dijo que la amaba, pero luego, su repentina partida para encontrarse con Lena, eso la dejo intrigada.
Que era una mujer ingenua, enamorada e ingenua. Oswell era un hombre muy elegante, cotizado por su capacidad de sacar la mejor imagen de cada persona. Esto me apesta, en verdad. Te alcanzo en breve, necesito hablar contigo. Te vas a enfermar, debiste secarte el cabello antes. Por cierto, me gusta el color. Las bocas hambrientas se abrieron recibiendo el calor y la humedad entre ellas, se quedaron abrazadas. La espesura en el aire no me hace bien.
Ahora volvamos al ruedo, no quiero que se le echen a perder sus cabellos. Kara quedo temblando de placer. Kara y Enya iban tomadas de la mano. Girls hit your hallelujah wooh Girls hit your hallelujah wooh Girls hit your hallelujah wooh 'Cause Uptown Funk gon' give it to you wooh 'Cause Uptown Funk gon' give it to you 'Cause Uptown Funk gon' give it to you Saturday night, and we in the spot Don't believe me, just watch, come on! Era su primera vez en un escenario juntas.
La imagen a contraluz era delirante. Los gritos eran ensordecedores. Kara miraba a Enya con una cara de incertidumbre, apretaba su mano en un intento de hacerla desistir de cualquier cosa que no hubieran platicado antes.
Cada estrofa, cada palabra era lo que yo anhelaba. Hagamos esa locura. Dame un respiro, buscare boletos. Diez minutos desde que entraste a la sala y ya mira donde me tienes…, en el suelo. Era incorregible. Planearon todo muy deprisa. Kara aspiraba el aroma del salitre, del mar.
Sus ojos no se separaban de la vista, a pesar de ser de noche, unos faroles alumbraban la playa y la luna regalaba un poco de su luz a su rostro. Eres una gran mujer y amo tanto que seamos pareja, no tienes una idea.
Brenda estaba ilusionada y muy ocupada habilitando la residencia familiar de la mano del equipo de trabajo de su hija. Pasaron varias veladas compartiendo como madre e hija, intentando recuperar el tiempo perdido.
Eso era importante para Kara y Rebeca, y Enya lo respetaba. Cerrar sugerencias Buscar Buscar. Saltar el carrusel. Carrusel anterior. Carrusel siguiente. Explora Audiolibros. Explora Revistas. Explora Podcasts Todos los podcasts. Dificultad Principiante Intermedio Avanzado. Explora Documentos. Cargado por Ormaly. Compartir este documento Compartir o incrustar documentos Opciones para compartir Compartir en Facebook, abre una nueva ventana Facebook.
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